La dona (im)perfecta y tu equilibrio hormonal

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El Jueves Gordo es casi un día sagrado en la tradición polaca. Para muchas mujeres que viven en... endometriosis Sin embargo, puede ser una fuente de frustración y conflicto interno. Por un lado, los aromas de productos recién horneados, la imagen del glaseado en cada vitrina y la presión social para comer "al menos uno" son tentadores. Por otro lado, se enciende una alarma en tu cabeza y el miedo a sentirte peor, hinchado, vientre (a menudo llamado "endobelly") o una caída de energía.

Este texto tiene fines meramente educativos e inspiradores. No constituye asesoramiento médico ni sustituye las recomendaciones individuales de un especialista.

Como tu amiga endocrina, quiero dejar algo claro: no tienes que quedarte al margen. Puedes participar en este día, pero bajo tus propios términos. Hay estrategias sencillas e inteligentes que pueden ayudarte a moderar la reacción de tu cuerpo a los dulces sin dejar de disfrutar de la tradición, sin culpa ni extremos.

La estrategia del "blindaje", o cómo comerse un donut con la cabeza (¡y el hígado!)

Uno de los errores más comunes del Jueves de Carnaval es comerse una dona en ayunas, directamente con el café de la mañana. Para muchas personas, esta combinación puede provocar una reacción repentina al azúcar y la grasa, lo que posteriormente puede causar somnolencia, falta de energía y molestias digestivas.

Si planeas comer una dona, considérala como postre, no como tu primera comida del día. Es buena idea empezar el día con un desayuno sabroso, rico en proteínas y grasas saludables. Una tortilla con verduras, huevos con aguacate, una ensalada con pescado de buena calidad o requesón con rábanos crean un "amortiguador" en el tracto digestivo. Esto permite que el azúcar de la dona que se consume después se absorba más lentamente y que los niveles de energía se mantengan más estables.

Elige conscientemente o crea tu propia tradición

Seamos sinceros: no todas las donas son iguales. Los productos altamente procesados, fritos con grasas baratas y reutilizadas, pueden ser simplemente perjudiciales para el cuerpo. Si se te antoja un clásico, busca una pequeña panadería artesanal que se centre en ingredientes sencillos y métodos de preparación tradicionales.

Una alternativa son las donas caseras. Las donas horneadas son cada vez más populares: más ligeras, menos pesadas y fáciles de personalizar. Aunque su sabor es ligeramente diferente al de las donas fritas clásicas, ofrecen una satisfacción similar sin resultar pesadas.

Tu receta para endo: Donas de avena y plátano horneadas

Si se te antoja una alternativa casera que no sobrecargue tu hígado, que trabaja duro para metabolizar el estrógeno, prueba esta receta increíblemente sencilla. Solo necesitas dos plátanos muy maduros, que actúan como edulcorante y aglutinante, y una taza y media de harina de avena. Los copos de avena molidos son los mejores; elige los que estén certificados sin gluten si quieres evitarlo. Además, prepara dos claras de huevo o, para una versión vegana, dos cucharadas de linaza en agua hirviendo. Agrega una cucharadita de levadura en polvo y una pizca de canela, que es excelente para estabilizar los niveles de azúcar en sangre. Es rápida y fácil de hacer: machaca los plátanos con un tenedor hasta que estén suaves, mézclalos bien con el resto de los ingredientes y vierte la masa en moldes de silicona para donas, llenándolos hasta tres cuartas partes de su capacidad. Hornea a 180 °C (390 °F) durante unos quince a veinte minutos, hasta que estén dorados. También tenemos un pequeño consejo: después de hornearlos y dejarlos enfriar, en lugar de glasearlos con azúcar, rocíalos con chocolate negro derretido con al menos un 70% de cacao o con un glaseado casero hecho con yogur de coco y un poco de xilitol. ¡Quedan suaves, jugosos, huelen de maravilla y sin remordimientos!

La psicología del placer sin culpa

Al vivir con una enfermedad crónica, es muy fácil caer en la trampa del "todo o nada". A menudo pensamos que solo por habernos comido una dona y haber "arruinado" nuestra dieta, estamos perdidos, así que mejor comemos tres más, porque de todas formas todo está perdido. Tienes que decirte a ti mismo "basta", porque el estrés y el cortisol que produces al culparte están dañando tus hormonas más que esa dona. Un capricho es simplemente parte de tu vida, no el fin del mundo ni el fin de tu terapia. Si decides comerlo, hazlo con atención plena. No comas con prisas ni frente al ordenador, sino siéntate, come despacio y saborea cada bocado, disfrutando de la textura del relleno y el aroma de la masa. Badania Demuestran que cuando comemos de forma consciente, nuestro cerebro registra la satisfacción más rápidamente y nos resulta mucho más fácil parar en un trozo.

¿Qué sigue después de una dona? Ejercicio e hidratación.

Si después de un dulce sigues sintiéndote con la energía a flor de piel y la niebla mental te invade, no te quedes tirado en el sofá. Lo peor que puedes hacer por tus niveles de azúcar es quedarte quieto después de comer. Sal a caminar veinte minutos, aunque sea tranquilo. La actividad muscular elimina la glucosa de la sangre sin necesidad de grandes cantidades de insulina, quemando el exceso de azúcar en tiempo real. Además, bebe mucha agua tibia con limón o prepara una infusión de jengibre y clavo. Esta bebida tiene propiedades antiinflamatorias, favorece la digestión y ayuda al hígado a lidiar con la sobrecarga. El Jueves de Carnaval pasará y podrás sentirte orgulloso de tu capacidad para disfrutar de la vida mientras cuidas de tu endocuerpo con cariño y sentido común.

Źródła:

El texto se basó en los conocimientos actuales en el campo de la nutrición, el impacto del estilo de vida en el bienestar hormonal y publicaciones sobre deidad y la inflamación, incluidas revisiones científicas e informes de instituciones que se ocupan de la salud metabólica.

  • Hansen SO, Hassel-Slavin IT, "Endometriosis y dieta", Práctica dietética, 2019.
  • Informe del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer sobre el impacto de los alimentos procesados ​​y el azúcar en los marcadores inflamatorios del organismo.

Marta Pietrzak

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